MOVIMIENTO FAMILIAR CRISTIANO

Diócesis de Cádiz y Ceuta
(Asociación Pública de la Iglesia Católica)
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http://www.mfccadiz.blogspot.com/

09 mayo 2011

Centralidad de Cristo en la misión de los seglares




CENTRALIDAD DE CRISTO
EN LA ACCIÓN DE LOS SEGLARES


GUIÓN:
• SUPERANDO DIFICULTADES
• APROVECHANDO OPORTUNIDADES
• ¿Y ESTO CÓMO SE HACE?



SUPERANDO DIFICULTADES

La única forma para qué Cristo sea el centro de nuestra vida y de nuestra acción es dejar que Él actúe en nosotros y aceptar con humildad y obediencia ser instrumento suyo. Es tratar de saber en cada momento qué es lo que Dios quiere de mí, cuál es el proyecto que soñó para mí cuando me creó.

Desde esta actitud básica y vital tendremos libertad para superar tres dificultades:

- la nostalgia de un pasado que desconfía de la acción renovadora del Espíritu para vivir el momento actual.
- La pretensión de que no puedo aprender nada de lo construido hasta ahora y la soberbia de pensar que ahora he descubierto la verdadera Iglesia y el verdadero mensaje de Jesucristo. Es la pretensión de que son mis cualidades y mi sabiduría la que es capaz de evangelizar. Es también desconfianza en la acción de Dios.
- La mediocridad fruto del desánimo ante las dificultades, dejando pasar oportunidades de evangelizar que Dios nos pone en el camino. Es la desconfianza en la acción misteriosa de Dios que actúa a través de nuestras carencias y debilidades.

APROVECHANDO OPORTUNIDADES

Superadas, con la ayuda de Dios, estas dificultades podemos poner en práctica cinco actitudes a modo de piezas de un engranaje que hace funcionar a un solo motor. Cada pieza tiene sentido en relación con las demás, sólo hará fecunda la evangelización si se viven íntegramente como un sistema que da sentido a un estilo de vida.


1- Centralidad de Jesucristo, no como personaje histórico del pasado digno de imitar; sino real, vivo y presente, con el que tengo la posibilidad de comunicarme a través de la oración, los sacramentos y la caridad. Retornar a Cristo renovando en mi vida su presencia y su mensaje. No es un cambio de formas (re-forma) sino lanzar de nuevo el mensaje de siempre; presentar y proponer de nuevo la enseñanza eterna de Cristo (re-novación).

2- Retorno a las primeras comunidades y a los Padres de la Iglesia. Para este retorno a Jesucristo nos ayudará recordar cómo fue la vida de Jesucristo, cómo fueron las primeras comunidades cristianas y las enseñanzas de los Padres de la Iglesia. Es aquí volver a las fuentes, volver a Cristo desde el inicio de la fundación de la Iglesia y durante toda la historia. Es aprovechar toda la rica Tradición, pero no se trata de una refundación nostálgica ni de una pretensión reformadora. Lo mismo se pueden aplicar para los movimientos e instituciones cristianas: hay quienes quisieran cambiar todo de nuevo (pretensión) y quienes creen en el carisma como una etiqueta del pasado (nostalgia). No es hacerse un experto en un carisma particular, es bucear en él, en su identidad, en sus inicios y en su gestación.

3- Desde Cristo y desde la vida comunitaria tenemos que saber crecer en el tiempo y dar fruto. No se trata de querer respirar el mismo ambiente de otra época, sino de tener iniciativa y creatividad para extender la acción evangelizadora. Crear nuevas posibilidades, nuevas concreciones desde ell mismo Evangelio de siempre y centrados en Jesucristo. No es reformarlo, no es adaptarlo al tiempo; es vivirlo de nuevo con acciones adaptadas a la época que nos ha tocado vivir. El protagonista no es la época, es el mensaje haciéndolo presente hoy para que siga siendo fecundo. Se trata de responder a las exigencias del momento presente sin alejarse de la presentación integral del Evangelio.

4- Bajo la acción del Espíritu Santo, conscientes de que seremos eficaces si nos convencemos de que no somos nosotros, sino el Espíritu en nosotros. Otra cosa sería una pretensión refundadora fruto del orgullo, la soberbia y la desconfianza. Que el mismo Espíritu que inspiró en la época fundacional sea el que mueva ahora también a la fundación. La acción evangelizadora no es humana, es siempre fruto del Espíritu. Es el seguimiento de Jesucristo, inspirado por el Espíritu Santo, como una respuesta a una invitación del Señor. Así las circunstancias del tiempo pasan a un segundo plano. Adaptación, no para traicionar o cambiar el Evangelio, sino para vivirlo con mayor fidelidad.


5- Bajo la orientación de la Iglesia, garantía de que caminamos en la verdad y desde la verdad. Debemos ser conscientes de que somos instrumento de la Iglesia para la evangelización. Estamos al servicio de Jesucristo y de Su Iglesia; al servicio de la Iglesia Universal que se concreta en la Iglesia Diocesana y al servicio de la Parroquia. Nuestra vida y acción estará centrada en Cristo en la medida de nuestra adhesión afectiva y efectiva a las orientaciones de la Iglesia. Fidelidad a la Iglesia que se traduce en fidelidad y seguimiento al Magisterio de la Iglesia, al Papa, al Obispo y al Párroco.
Centrados en Cristo, buceando en los orígenes, haciendo brotar de nuevo y presente hoy el Evangelio, bajo el impulso del Espíritu Santo y la orientación del Magisterio de la Iglesia. Y poniéndolo bajo la protección de la Virgen María, Reina de la Familia.
De esta manera sembraremos, regaremos y cosecharemos. De otra forma estaremos desaprovechando oportunidades y no estaremos viviendo el proyecto de Dios en nuestra vida y en nuestra comunidad.

¿Y ESTO CÓMO SE HACE?


Centrar nuestra vida y acción en Cristo es vivir a lo Cristo, que significa dejar vivir a Cristo en nosotros. Además es el mejor método para ser feliz, para vivir alegre, libre y en paz. El mejor método es tener contacto directo con Él, establecer una relación de encuentro personal. El resto lo hará el mismo Cristo en nosotros.

La Iglesia, Madre y Maestra, lleva dos siglos ayudándonos y sabe cómo hacerlo. Pero no siempre hemos seguido sus enseñanzas, no siempre hemos sido fieles a sus orientaciones. Durante toda la historia se han sucedido épocas de éxitos y de fracasos, de utilización de eficaces métodos y de desafortunadas formas para vivir centrados en Cristo. Pero no es la hora de las lamentaciones, sino de la acción; conscientes de que es Dios el que actúa, si le dejamos y si nos ponemos en sus manos, si deseamos ardientemente su voluntad.


La vida y acción centrada en Cristo tenemos que basarla en cuatro columnas (que son cuatro formas de relación con Cristo vivo, real y presente). Pero en todas de forma conjunta porque si falta una el edificio se caerá o, como mínimo se tambaleará.

1- Oración (diálogo con Jesucristo).

2- Sacramentos (especialmente la Eucaristía y la Penitencia).

3- Lectura y reflexión de la Palabra de Dios.

4- Ayuda a los demás.

Rosa Mª del Pozo y Antonio Sánchez
Matrimonio Presidente Diocesano
Movimiento Familiar Cristiano
(Asociación Pública de la Iglesia Católica)
Diócesis de Cádiz y Ceuta
http://www.mfccadiz.blogspot.com/



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Participación en la Mesa Redonda
V Encuentro Diocesano de Familias
“Centralidad de Cristo en la acción de los seglares)
Domingo, 8 de mayo de 2011
Diócesis de Cádiz y Ceuta

1 comentario:

Alonso Gracián dijo...

Enhorabuena por el tema: "Centralidad de Cristo en la misión de los seglares". Me parece un acierto importantísimo.

Esta sociedad necesita que se le hable de su salvación, que es el Señor. Y al Señor se llega por su Palabra. Los laicos hemos de hacer un apostolado cristocéntrico, como muy bien se enseña en esta entrada. Porque ni el apostolado no confesional, que todo lo centra en saberes brillantes y humanos, ni el apostolado pseudo-confesional, que se basa en una aproximación sólo humana e intelectual al Señor, sirven para nada, ni dan fruto.

La sociedad en que vivimos está gravemente enferma, y sólo Cristo puede salvarla. Y a Cristo se llega por la predicación, y la predicación por la Palabra de Cristo (Romanos 10, 17) Hacer un apostolado fructífero es un don de Dios, que concede a los que se lo piden con amor, y no a los que pretenden elaborarlos ellos solos con discursos brillantes.

Sólo Cristo salva.
Sólo Cristo y su Gracia son Vida.
Enhorabuena. Muy acertado el texto y sus ideas.
Un abrazo en Cristo, desde María Inmaculada